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Dendê Barzinho, un pedacito de Brasil en Maschwitz

En medio de la excesiva oferta de rabas, cerveza y tragos que existe en el paseo gastronómico de la calle Mendoza, en Maschwitz, encontramos un lugar especial, llamado Dendê Barzinho, en donde uno se puede sentir por un rato como si estuviera en Bahía, por la comida, los aromas, la música y la gente.

Dende Barzinho - Moqueca de camarones y feijoada
Moqueca de camarones y feijoada
En un rinconcito del Paseo Mendoza nos encontramos con Dendê. Apenas llegamos nos recibe con una amplia sonrisa Conceição (Conce) Soares, percusionista residente del restaurante, y nos ofrece ubicarnos en la mesa que más nos guste. Enseguida nos traen la carta, una escueta lista con platos típicos de Bahía, diseñados "con mucho amor y competencia" (palabras de Conce) por el chef Anibal Mazziotti. Allí encontramos moquecas (de camarones, pescado o frutos de mar), feijoada, cozinhas, etc. También hay rabas, cerveza y capirinhas, para no ser menos que los demás barcitos de la zona.

En nuestro caso, optamos por la moqueca de camarones y la feijoada. Llegó a la mesa servido en pequeñas fuentes de barro que mantuvieron la comida a la temperatura adecuada durante toda la cena.

Dende Barzinho - música brasileña en vivo

No daban ganas de irse para poder seguir disfrutando de la buena música y el ambiente. Pero en algún momento había que recordar que no estábamos en una playa de Bahía, sino en Maschwitz. Pedimos la cuenta, con precios más que razonables para la calidad de la comida, y nos despedimos hasta otra noche en que querramos volver a recrear nuestros sentidos con los sabores y sonidos de Brasil.

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Matryoshkaté, una casa de té en Paseo Mendoza, Maschwitz

Paseo Mendoza, Maschwitz
El Paseo Mendoza es un poco la competencia del Mercado de Maschwitz, situados a apenas dos cuadras uno de otro. Aunque hay claras diferencias entre ambos. En el Mercado de Maschwitz predomina el estilo vintage, con arquitectura y decoración que asemejan a los conventillos de San Telmo o La Boca, mientras que en el Paseo Mendoza impera la onda hippie (o debería decir hippie-chic, para usar un término más de moda): mucha mística, amor y paz, ecología, batik, etc.

Matryoshkaté.
En el Paseo Mendoza, en medio de su recorrido laberíntico, entre locales donde se enseñan danzas africanas y meditación, y bio-almacenes ecológicos que ofrecen productos orgánicos, surgió el pasado mes de julio (el día del amigo, según dice su página de Facebook) una pequeña casa de té con mucho para destacar.

Uno se siente un "tea-sommelier"...
Sus dueñas encontraron un diferenciador clave: blends exclusivos de té en hebras, llevados a la mesa con todo lo necesario para que no se pierda ni un ápice de sus complejos aromas: una gran tetera con su infusor, la cantidad exacta de hebras para el agua (en la temperatura justa) dentro de la tetera y –atención al detalle– un despertador que indica el momento exacto en el que el té está listo para su consumo. Vaya un humilde consejo nada más para las macanudas dueñas de Matryoshkaté: reemplazar los despertadores por esos cronómetros de cocina que suenan con una campanita, por que a muchos clientes el sonido del despertador nos recuerda el desagradable momento en que las obligaciones cotidianas nos arrancan de los brazos de Morfeo.

Los blends tienen nombres mayormente indios (de la India, se sobreentiende), de los cuales probamos el Kamasutra: té rojo (pu-erh) y negro con vainilla, canela, granos de pimienta roja, gengibre y probablemente algún ingrediente más que ahora no recuerdo.

Cheese-cake con frutos rojos.
Los exclusivos tés pueden (¿o habría que decir “deben”?) acompañarse con alguna de las opciones de repostería que ofrece el lugar. Muy pero muy recomendable es el cheese cake con frutos rojos. Y los precios son moderados; para hacer una comparación, la porción de cheese cake con frutos rojos en el local de Tentíssimo del Tortugas Open Mall cuesta, como mínimo, un 50 por ciento más. Y encima el de Tentíssimo es más artificial y menos artesanal (bah, mucho menos rico).

Otro detalle para destacar: las mesas tienen un moderno un aparatito con botones para pedir la cuenta o llamar a la moza. Perfecto para evitar esas incómodas situaciones en que hay que andar buscando la forma de captar la atención de los mozos. ¿Por qué no los usan en todos los restaurantes, digo yo?



Aclaración con respecto a las fotos: dado que olvidamos nuestra cámara, debimos tomar fotos de la página de Facebook de Matryoshkaté para ilustrar esta nota. ¡Mil disculpas!

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Yoko’s, comida oriental en Maschwitz

Es lógico ir con desconfianza a comer comida oriental a un restaurante en el que no se ve ni a un solo chino o japonés. Por suerte, en este caso la desconfianza fue infundada, ya que tanto el chow-mein como los arrolladitos primavera y el sushi que comimos no tenían nada que envidiarle a los platos equivalentes que se pueden encontrar en restaurantes auténticamente chinos o japoneses.

Pero seamos francos. La verdadera razón por la que decidimos a comer en Yoko’s fue un argumento de peso cuando se está en plan de gastar poco: los chicos comen gratis. Así como suena. Los fines de semana al mediodía, los chicos hasta 11 años pueden comer sin pagar, pudiendo elegir entre patitas de pollo con papas fritas en forma de caritas, y chow-mein (fideos salteados) con pollo o carne. En nuestro caso optamos por el chow-mein, que a pesar de ser gratis, estaba preparado con mucho esmero. Y como era bastante abundante para Pablito (el único beneficiario de la promoción, ya que todos los demás tenemos más de 11 años), lo terminamos comiendo entre todos.

A la hora de los postres, la lista de opciones no es muy llamativa, y hasta la misma moza lo reconoció. Nos pedimos dos bochas de helado para repartir entre los cuatro, que resultaron ser diminutas, pero ricas (parecía helado de Munchi’s, lo cual es muy posible, dada la proximidad con Escobar).

La ubicación: Yoko’s se encuentra dentro de una especie de “shopping rústico” llamado Mercado de Maschwitz. Es un sitio curioso, en donde la palabra “vintage” está omnipresente, tanto implícita como explícitamente. El lugar quiere parecerse a los pintorescos y laberínticos caseríos de la Boca; solo que las construcciones de la Boca tienen cientos de años, y las del Mercado de Maschwitz probablemente no tengan más de un año. Y se ve que al shopping le va bien, por que se está extendiendo con nuevos locales y pasillos que lo harán aún más laberíntico de lo que es ahora.

Además de Yoko’s, el Mercado de Maschwitz tiene otras ofertas gastronómicas, como por ejemplo Ley Primera, una parrilla cuya ambientación vale la pena una visita, aunque sea para comer sólo un choripán.


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