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PF Chang’s, comida china de alto nivel

No es la clase de restaurante chino al que estamos acostumbrados; es de mucho más nivel. El local bien grande, con techo alto, estacionamiento con valet parking, decoración sobria pero lujosa, ubicado en Martínez sobre Avenida Libertador, adornado con dos enormes estatuas ecuestres en la entrada, marca la diferencia con respecto a los típicos restaurantes chinos que se encuentran, por ejemplo, en el Chinatown de Belgrano.

Digamos que la comida estuvo bien, aunque si me dan a elegir, quizás prefiero la que sirven en cualquiera de los restaurantes del Chinatown, por más que sea menos sana y los platos no estén tan bien presentados. Puede que resulte algo repetitivo, pero yo extrañé las típicas opciones chow fan/chop suey/chow main con pollo/carne/cerdo/mixto.

PF Chang's estatua ecuestre en el exterior
La impresionante estatua ecuestre
Probamos dumplings, moo goo gai pan, crispy honey chicken y coconut curry chicken. Ya por los nombres de los platos, uno se da cuenta de que la cocina es china pero muy norteamericanizada. Los dumplings y el crispy honey chicken, muy bien, muy ricos. Los otros dos platos, no tanto. El problema en estos fueron las verduras: se supone que estaban salteadas al wok, pero no parecía que hubiesen pasado mucho tiempo en el wok. Estaban más bien cocidas al vapor, y les faltaba ese leve gustito a quemado que les da la cocción en wok. Además, estaban cortadas en pedazos muy grandes (tal como se ve en las fotos), cosa que acentuaba la falta de cocción. Eso le restó muchos puntos.

Había muchas interesantes opciones de sushi, pero preferimos probar cosas que tuvieran más que ver con la comida china. Otro aspecto interesante del restaurante que no probamos (por el hecho de que fue un almuerzo familiar) fue la barra de tragos, muy atractiva para quien quiere ir sólo a picar y a tomar algo.

De postre probamos la torta Great Wall of Chocolate. El mozo nos advirtió que era para repartir, y no exageró. Entre los cuatro apenas pudimos terminarla. En los postres también hay una importante diferencia con otros restaurantes chinos, que generalmente no tienen opciones ni muy originales ni muy atractivas. Corresponde decir que todos los postres pintaban muy bien.

Un punto a favor: PF Chang's está abierto desde el mediodía hasta la medianoche en horario corrido, con lo cual es ideal para quienes (como nosotros) tienen la costumbre de almorzar como a las 4 o a las 5 de la tarde. O para quienes van a cenar tipo 6 de la tarde.

Y otro punto a favor más: la atención es muy esmerada. El mozo que nos tocó (Federico) nos atendió perfectamente bien, y le debemos una disculpa por la poca propina que le dejamos, pero es que nos habíamos quedado con poco efectivo. Esperemos en una próxima visita poder compensar esa falta (siempre y cuando accedan a saltear un poco más las verduras...).

PF Chang's coconut curry chicken
Coconut curry chicken
PF Chang's moo goo gai pan
Moo goo gai pan
PF Chang's crispy honey chicken
Crispy honey chicken
PF Chang's dumplings
Dumplings

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Chino Central, comida china en La Horqueta

Para los fans de la comida china que vivimos lejos de la Capital Federal, proveernos de nuestros platos favoritos es un problema. Es por eso que hacemos muchos kilómetros para ir al barrio chino de Belgrano cuando queremos comer en un buen restaurante oriental, o hacemos una expedición hacia La Puerta de China (en Olivos) cuando queremos comprar para llevar.

Fachada Chino Central
Fachada de Chino Central.
Sabíamos que existía el restaurante/delivery Chino Central, en La Horqueta, como una opción bastante más cercana a nuestras latitudes, pero supusimos que estaría fuera de nuestro alcance, dado que está emplazado en un centro comercial de alto poder adquisitivo. Así y todo, un día nos animamos a ir con la intención de comprar algo para llevar (aunque fuera unos arrolladitos primavera, si el presupuesto no daba para más que eso) y de paso analizar las posibilidades de, eventualmente, ir a almorzar o a cenar allí.

Los precios nos sorprendieron por lo accesible. En comparación con La Puerta de China, los precios están a un mismo nivel, aunque las porciones son más pequeñas que la ya tradicional rotisería china de Olivos. Así fue que, tras esa favorable primera impresión, decidimos que, en lugar de viajar hasta Belgrano, iríamos allí la próxima oportunidad en que quisiéramos comer en un restaurante chino.

Pablo y un arrolladito primavera.
La oportunidad se dio el sábado siguiente al cumpleaños de Pablo, fan #1 de la comida china (especialmente de los arrolladitos primavera). Hicimos la reserva para cenar sin inconvenientes el mismo sábado por la tarde. El lugar es más bien pequeño (no tiene más de una docena de mesas) y tranquilo, por lo cual se presta para una cena con cierta intimidad; aunque se escuchan con claridad las conversaciones de las mesas vecinas. El restaurante tiene un gran volumen de trabajo los fines de semana, pero la mayor parte es delivery.

Los platos están bien logrados, siendo auténtica cocina oriental (elaborada por cocineros chinos) en la que la presentación queda relegada a un segundo plano, después de los sabores. Las porciones no son de un tamaño moderado, totalmente acorde con los precios. Nuestra degustación incluyó arrolladitos primavera, hojas de camarones, chow mein (fidos saltados), omelette de cerdo y pescado agridulce. Los postres, bien occidentales: mousse de limón y helado mixto. A eso le sumamos gaseosas y agua saborizada, dando un total de $ 660 para 4 personas. No está mal.

En una pared junto a la entrada hay enmarcada una noticia del diario que habla de la apertura de Chino Central, allá por el año 2001. Es un verdadero mérito que se siga manteniendo fiel a sus orígenes, ofreciendo el mismo servicio y el mismo arte culinario después de tantos años, habiendo atravesado crisis económicas y cambios en las tendencias y modas gastronómicas que obligaron a muchos restaurantes orientales a cerrar sus puertas.

Hojas de camarones
Omelette de cerdo
Pescado agridulce
Chow mein

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Tao Tao, comida china tradicional en Belgrano

Bocaditos de pollo, tan ricos como simples.
Existen varias opciones cuando de comer comida china se trata. Una es comprar en una rotisería. En Capital abundan las rotiserías chinas, particularmente en las inmediaciones de mi domicilio laboral (barrio de San Cristóbal). Son todas muy parecidas; todas tienen arrolladitos primavera, won-ton, chow-fan, chow-mein, chop-suey, y la opción de combinar éstos con pollo, carne, cerdo, camarones o un poco de cada cosa. Todas presentan una calidad semejante y aceptable de la comida, y una higiene como mínimo cuestionable.

La otra opción (en orden creciente de costo, si se quiere) es ir a un tenedor libre. Antes los tenedores libres eran exclusivamente de comida china; hoy en general son de "cocina internacional": hay diferentes secciones, con pastas, parrilla y -lógicamente- comida oriental, aunque esta última incluye pocas preparaciones tradicionales chinas junto con discretas opciones de sushi.

Rabas con un toque oriental.
La tercera opción, la más acertada y a la vez costosa, es ir a un tradicional restaurante chino. De esos que están desde hace décadas y los dueños son los mismos chinos que los fundaron (o quizás sus descendientes). Y también, de esos que sobrevivieron a la época de la psicosis colectiva originada por la leyenda urbana que contaba sobre el hallazgo de huesos de roedor en una preparación. Tao Tao es uno de los baluartes de este último grupo de restaurantes chinos (si bien vecinos de Belgrano me han contado que estuvo clausurado algún tiempo, justamente por la posibilidad de que aquella leyenda urbana fuera cierta).

Lo cierto es que actualmente no se encuentran roedores en las preparaciones, y éstas están hechas con esmero y en una cocina visible que permite apreciar el cuidado puesto en cuestiones de higiene y salubridad.
Tao Tao parece ser de esos lugares a los que uno puede dejar de ir durante décadas, y tener la tranquilidad de que, al volver, todo será igual que como era. Hablando, claro, del ambiente agradable, las mesas redondas (un par nomás) con centros giratorios que facilitan compartir la comida, la siempre llamativa decoración oriental, entre otras bondades. Por suerte el menú no es constante, con una sección de platos de autor que el chef diseña con mucho cuidado y que los mozos (a pesar de no ser chinos) saben explicar al detalle.

Tiramisú. Nada de chino, pero muy rico.
Por ejemplo, en nuestra última visita aprendí la diferencia entre comida dulce (no postres, aclaro: comida dulce) y comida agridulce. "En la comida dulce se combinan sabores dulces y salados; en la agridulce, en cambio, se combina el vinagre con lo dulce", explicó el mozo. Y luego de esta explicación, opté por un plato de pollo (si mal no recuerdo se llamaba Pollo Tao Tao) que era, tal como había explicado el mozo, dulce y salado. Tenía rodajas de manzana, bastante gengibre, una salsa caramelosa y un sabor exquisito.

Había muchas otras opciones llamativas y singulares, como el cerdo a la mongolesa y pollo kung pao, que quedarán para probar en una próxima visita.
Para los más tradicionalistas, también están los típicos platos que pueden conseguirse en las rotiserías, como chow fan, chop suey, etc. Además, el restaurante tiene también delivery y "take-out", funcionando como una rotisería premium, para quienes prefieren degustar los platos en la tranquili
dad de sus propias casas.
Es recomendable ir en un grupo grande y ocupar una de las mesas redondas con centro giratorio para poder pedir muchos platos distintos y probar un poco de cada uno.

El notable farol chino que ilumina uno de los varios ambientes de Tao Tao.

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Dragón porteño, en el barrio chino de Belgrano

Podría decirse que todos los restaurantes chinos son iguales, principalmente por que el menú es muy parecido en todos ellos, pero después de haber comido mucha comida china pueden encontrarse sutiles diferencias entre un restaurante y otro. El pollo con almendras -uno de mis platos chinos favoritos-, por ejemplo, no es igual en todos los restaurantes.

En el barrio chino de Belgrano hay muchos restaurantes de comida oriental, y haría falta mucho tiempo y gastar bastante dinero para conocerlos todos. Hasta ahora hemos ido a tres: BuddhaBA, Dragón Porteño y otro más cuyo nombre no recuerdo. BuddaBA es un lugar muy "fashion", algo más caro del promedio, y no hace precisamente comida china sino asiática. En cambio, Dragón Porteño está más dentro del promedio de restaurantes de comida china típica que pueden encontrarse en Buenos Aires y alrededores.

Lo que distingue a Dragón Porteño de otros restaurantes chinos es que es muy pulcro, el lugar es agradable, la comida es preparada con dedicación y sin embargo no es más caro que el promedio de restaurantes chinos. No es tenedor libre, es con menú a la carta, y tienen algunos platos exclusivos, de los cuales probamos un pollo con salsa de limón que estaba muy rico.

Las camareras que atienden el salón no son orientales, lo cual facilita la comunicación. Sin embargo, la que nos tocó a nosotros probablemente era principiante, por que olvidó traernos uno de los platos que habíamos pedido (si mal no recuerdo, se trataba precisamente de mi favorito, el pollo con almendras). No hubiera habido problema, ya que aún sin contar con ese plato nuestras panzas se llenaron lo suficiente, pero cuando pedimos la cuenta, el plato omitido aparecía sumando en el total.

La camarera reconoció su error y nos dijo que nos preparaba el plato para llevar. Hubo una pequeña y cortés discusión, por que nosotros preferíamos que nos lo descuente del total a pagar, pero ella nos explicaba que, como el plato formaba parte de un menú ejecutivo, si nos restaba dicho menú y nos sumaba los otros componentes del mismo (gaseosa y arrolladitos primavera), el total a pagar sería prácticamente lo mismo, con lo cual económicamente nos iba a ser más conveniente llevarnos la comida a casa. Y así fue, la llevamos en un paquetito y esa noche la comimos recalentada, que no estaba tan mal.
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