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Dream Catcher: pizzas geniales por pocos $

Está difícil salir a comer afuera; está todo muy caro, la verdad. Pero a pesar de todo, nos resistimos a dejar de hacerlo. Buscamos alternativas para no tener que cocinar, ni poner la mesa, ni servir la comida, ni lavar platos, y que eso no se consuma nuestro presupuesto mensual. No es fácil encontrar opciones que cumplan todas esas condiciones, pero por suerte, las hay.

Dream Catcher pizza servida
Gaseosa, pizza y fainá.
Una de esas opciones es Dream Catcher (por lo menos la sucursal de Maschwitz; la de Caballito y la de Córdoba no las conocemos). Allí se pueden comer pizzas gourmet a la parrilla, fainá, empanadas, lomitos, picadas, y algún que otro plato un poco más elaborado, a precios muy económicos. No tanto quizás como los de Pizza Ugi's (por decir algo), pero no hay ni punto de comparación en cuanto a la calidad y al nivel del lugar.

Las pizzas de Dream Catcher están elaboradas y diseñadas con esmero. Hay gustos originales y bien logrados, como por ejemplo la provo-bacon a caballo: mozzarella, provoleta, panceta y huevos jugosos. Pero esa no la probamos por miedo al colesterol. Las que sí probamos fueron la de cheddar con nachos (mozzarella, cheddar y nachos clavados) y la de pollo y barbacoa (mozzarella, pollo en hebras y salsa barbacoa). Y hay muchísimas más. En este link se puede bajar la carta en PDF (sin los precios), para tener una idea de cuáles son las opciones. Como valor agregado, ofrecen la posibilidad de armar la pizza con los ingredientes que uno quiera y bautizarla con un nombre. Si va bien, un tiempo después aparecerá en la carta del restaurante.

Dream Catcher entrada
Dream Catcher en Mercado de Maschwitz.
Un detalle no menor, especialmente en lo que a economía se refiere: a modo de bebida, es factible pedir una gaseosa grande (de litro y 1/4), con lo cual se ahorra mucho, ya que no se obliga a los comensales a pedir cada uno una bebida.

A la hora del postre, la originalidad no se termina: hay pizzas dulces, con una masa aromatizada con canela, cacao y vainilla, y "toppings" en donde se mezclan diversas clases de frutas, nutella, charlotte, caramelo, frutos secos, en sabias combinaciones.

A todo esto se suma un ambiente agradable, mozas buenas y buenas mozas, linda decoración, música, TV de pantalla gigante... ¿qué más?

En conclusión: gracias, Dream Catcher, por darnos la posibilidad de salir a comer afuera dignamente a quienes debemos vigilar al extremo a cada moneda que sale de nuestro bolsillo.

1/2 nachos con cheddar, 1/2 pollo barbacoa.


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Yoko's (Maschwitz): todo mal

Fue una doble decepción, no solo por la mala experiencia, sino por que además nos borró el buen recuerdo que teníamos de la primera vez que fuimos a comer a Yoko's en Maschwitz.

Yoko's China Grill, MaschwitzLo peor no fue que nos hubieran traído un plato frío, y que al traerlo de vuelta, recalentado al microondas, tuviera sectores demasiado calientes y otros tan fríos como al principio. Tampoco que un supuesto chow-mein estuviera inundado de salsa de soja, lo que lo hacía incomible (curiosamente, en el menú había un cartel que decía que el exceso de sal en la comida es perjudicial para la salud; aparentemente el cocinero no sabe que la salsa de soja tiene una gran concentración de sal). Tampoco que en el plato que pedimos que calentaran (un wok de carne, pollo y cerdo) hubiera trozos de cerdo crudos. Ni tampoco que la cuenta fuera de un promedio de $ 150 por cubierto, lo cual es demasiado para el nivel de este restaurante.

No, nada de eso fue lo peor de esa cena. Lo peor fue que, al comentarle a la mesera lo mal que habían estado los platos, no recibimos ninguna respuesta. Una simple disculpa hubiera bastado; al fin y al cabo, cualquier cocinero puede cometer un error. Pero no, no hubo disculpa ni ninguna señal de que alguien responsable hubiera recibido la crítica. En la cuenta apareció un descuento de un 10 por ciento, el cual no sabemos si fue por pagar en efectivo (improbable, ya que el efectivo era el único medio de pago), o un reconocimiento por la baja calidad de la comida. Si fue esto último, lo consideramos un insulto.

Si un restaurante funciona mal, y además no reconoce sus errores, está condenado al fracaso. No le deseamos el fracaso a nadie, pero esperamos que los responsables de Yoko's sepan recibir una crítica y tomen alguna acción para corregir los problemas antes de que sea demasiado tarde.

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Shukran, sabores árabes en Maschwitz

El Mercado de Maschwitz, ese lugar que combina gastronomía variada con antigüedades y con una arquitectura pintoresca que imita a los rincones de La Boca, incorporó hace poco una opción más a la hora de salir a comer: un pequeño restaurante de comida árabe. Se llama Shukran, vocablo que (según se explica en la carta) significa “gracias” en árabe.

La pizarra de Shukran.
La búsqueda de un lugar para ir a celebrar el día de la madre, más un atractivo 20% de descuento que ofrecía este establecimiento en su página de Facebook justo para ese día, nos convencieron para ir.

El lugar tiene como mucho unas 10 mesas, repartidas entre el salón y el patio exterior, en el que se mezclan sus dominios con los del local de antigüedades lindero.

No tuvimos problemas con la reserva, aun cuando se nos hizo tarde y llegamos bien pasadas las 14:30 (habíamos reservado para las 14); bastó con avisar que llegábamos un poco tarde para que con gran amabilidad nos dijeran: “no hay problema, los esperamos”.

La misma amabilidad encontramos luego en la atención de las mozas, que pacientemente nos explicaron la composición de los platos con nombres raros (aspecto fundamental de todo restaurante de comida exótica).

Fatay de buen tamaño.
Cuando vimos los precios en el menú nos asustamos un poco. Aclaremos, últimamente nos asustamos con los precios de casi cualquier restaurante, excepto de los muy baratos, grupo al que no pertenece Shukran. Pero como teníamos ese descuento del 20%, pudimos quedarnos y disfrutar de un buen almuerzo.

De todos modos debimos actuar con moderación para no irnos de presupuesto, para lo cual pedimos un menú degustación para 2 personas a pesar de que éramos 4; se sabe que los chicos comen poco, especialmente cuando se trata de comida exótica, por lo que supusimos que ese menú bastaría para los 4. Y supusimos bien.

kebbe, hojas de parra, kéfir y hummus.
En el menú degustación se podían elegir tres opciones frías y tres calientes de una lista de más o menos 12 preparaciones. Dejando de lado el kebbe frío por temor a la carne cruda, optamos por lo clásico: fatay, tabule, humus, hojas de parra rellenas, arroz a la persa con pollo y kebbe cocido. A esas elecciones se sumó un plus: un kéfir (yogur espeso, casi un queso crema) con panes árabes que nos fue servido sin necesidad de pedirlo. Los chicos atacaron los cuatro fatay y el kebbe (cuyo aspecto de brownie lo hacía tan agradable al paladar como a la vista), y con eso quedaron más que satisfechos. Mientras, los grandes nos concentramos en el tabule, el humus, el kéfir y el arroz a la persa.

Café a la turca.
Finalmente la degustación para 2 personas resultó tan sustanciosa que no nos quedó lugar para postre, pero sí para un café a la turca, el cual vino acompañado, a modo de yapa, con unas ricas masitas que oficiaron de postre. El café nos sorprendió gratamente con unas especias, que resultaron ser cardamomo y nuez moscada (recomendable combinación).

Gente fumando en narguile.
Una charla con el dueño nos reveló que Shukran es el emprendimiento de una familia descendiente de inmigrantes libaneses, quienes, dos generaciones atrás, trajeron a la argentina su cultura y sus exquisiteces. Los herederos mantienen fielmente esa tradición, reflejándola en sabores y aromas que trasladan al comensal a sitios distantes y exóticos.

Un detalle: vimos que unas personas, luego del almuerzo, fumaban con una de esas raras pipas árabes como las que usaban los Locos Adams; narguile, creo que se llama. No averiguamos por que no nos atrae la idea de ingerir humo en ninguna forma, pero para quien esté interesado en esos raros placeres, suponemos que Shukran también lo ofrece como valor agregado.

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