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El Tano Piadinería, de Italia a Mendoza

La piadina es una masa redonda y finita, situada a mitad de camino entre un panqueque y una tortilla mexicana. Es originaria del norte de Italia, y se rellena con lo que uno quiera, pero después de cocinarse (a diferencia del canelón, que se cocina con relleno y todo). La piadina se tuesta un poco y, antes de que se ponga dura del todo, se le coloca el relleno y se pliega como un crépe.

El único lugar en Argentina en donde se pueden comer auténticas piadinas italianas parece ser la Piadinería El Tano, en la bulliciosa avenida Arístides Villanueva, en la Ciudad de Mendoza. Justamente me encontraba paseando por esa avenida, buscando algún lu
gar que vendiera comida para llevar, consumible sin necesidad de cubiertos o vajilla. La piadina resultó ser la opción ideal, ya que no hace inchastre (a diferencia de lo que ocurriría, por ejemplo, con un taco mexicano) y es una comida bastante sana.

Mi opción de relleno fue la Piadina Venezia Premium, que incluye jamón, queso, lechuga, tomate, mayonesa y palta. Y la acompañé con una latita de Andes, la cerveza originaria de la región cuyana.

No fue fácil decidirme, ya que todas las opciones eran muy tentadoras. A continuación enumero las piadinas que me faltaron probar (y espero poder probarlas en un futuro viaje a Mendoza):

Piadina Palermo: jamón crudo, queso squacherone, rúcula, tomate y aceite de oliva.
Piadina Cesena: lomo de cerdo, queso cheddar, tomate y mayonesa.
Piadina Verona Premium: mozzarella, queso squacherone, roquefort, parmesano, provolone, rúcula y aceite de oliva.
Piadina Capri: mozzarella, tomate, albahaca y aceite de oliva.
Piadina Calabria: salame, queso squacherone, rúcula y aceite de oliva.
Piadina Bologna: extra Mortadela.
Crescione de Pollo: pollo, panceta, queso y salsa de tomate.
Crescione de Verdura: espinaca, Acelga, Muzzarella, parmesano.
Crescione de Chorizo: chorizo, jamón cocido, muzzarella, salsa de tomate.

En Buenos Aires vendría bien una piadinería en el microcentro, para dar a los oficinistas una opción de comida rápida y sana, para sus ajetreados mediodías.

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The Stinking Rose, en San Francisco

De nuestra enviada especial.

Ajos a punto durante toda la comida.
Por ahí por donde termina el barrio chino de San Francisco se encuentra The Stinking Rose (la traducción sería "La rosa apestosa"), un restaurante con una particularidad no apta para vampiros: todo lo sirven con ajo. Sus dueños lo definen como un "garlic restaurant" (restaurante de ajo), en el que sirven básicamente ajo, acompañado por algunas comidas.

Y no mienten: el plato obligado de este sitio son ajos glaseados, los cuales se cocinan en aceite a una temperatura ligeramente inferior a la de fritura, para que no se quemen y queden suaves y tiernitos. Y se llevan a la mesa en una sartén con un mechero estilo fondue de queso, para que se mantengan a la temperatura justa mientras dura la comida.

Un bife tierno como manteca.
Más allá del ajo, The Stinking Rose se define como un "steak house", con lo cual se pueden consumir carnes esmeradamente preparadas, como un bife tan tierno "que se puede cortar con el tenedor", según las textuales palabras de nuestra corresponsal. También hay aves, pescados, mariscos y variedad de pastas.

Pero no a todo el mundo le gusta el ajo, razón por la cual en el menú aparece una sección de platos "para vampiros", es decir, que no incluyen ajo.

Cerdo con puré de manzanas y ajo.
Además de dar nombre al restaurante de San Francisco, "The Stinking Rose" es uno de los tantos nombres con los que se conoce a una planta que despierta fuertes sentimientos: el ajo. Y además es el nombre del libro de la escritora india Sujata Bhatt. En dicho libro, la autora explora las diversas mitologías y los aspectos mágicos y prácticos del ajo en una secuencia de veinticinco partes en las que se recorren localidades de todo el mundo. A continuación reproducimos un fragmento del poema (en inglés) que da nombre al libro:

The Stinking Rose

Everything I want to say is
in that name
for these cloves of garlic - they shine
like pearls still warm from a woman's neck

My fingernails nudges and nicks
the smell open, a round smell
that spirals up. Are you hungry?
Does it burn through your ears?

Did you know some cloves were planted
near the coral-coloured roses
to provoke the petals
into giving stronger perfume...

Everything is in that name
for garlic
Roses and smells
and the art of naming...

What's in a name? that which we call a rose,
By any other name would smell as sweet...

But that which we call garlic
smells sweeter, more
vulnerable, even delicate
if we call it The Stinking Rose.

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Brioche Dorée, en Puerto Madero: desayunando con estilo

Medio feíto el local, de afuera
Me encontraba una mañana soleada de enero deambulando por Puerto Madero, con una hora de tiempo libre, y decidí que era el momento oportuno para un buen desayuno. Caminaba por la calle Olga Cosentini, y cuando llegué a la altura 200, me encontré con un local de Brioche Dorée. A pesar de que de afuera se ve muy poco interesante (el local está en el ángulo inferior de uno de esos edificios modernos, grises, todos cuadrados, que no dicen nada), me animé a entrar merced a experiencias positivas anteriores en otros locales de esta franquicia.

Obsérvese la araña en el techo
Apenas entré me sorprendió la principal particularidad de este local: la decoración ostentosa. Se sabe que todo en Puerto Madero derrocha opulencia, pero uno no esperaría ver tal nivel de lujo en una franquicia que suele verse en los patios de comida de los shopping centers. También llama la atención la gran cantidad de espacio y de mesas con que cuenta. En ese momento de la mañana la mayoría de las mesas estaban vacías, pero seguramente al mediodía, por tratarse de una opción válida para un almuerzo rápido y liviano, el lugar se llena de oficinistas con hambre.

Abundancia de muebles Luis XV
Para almorzar hay muchas opciones de sandwichs, ensaladas y tartas, y para los apurados, lo mejor es que aplica el modelo de servicio de patio de comidas: uno pide la comida en el mostrador, la paga y se la lleva a la mesa en una bandejita. No hay que andar llamando a los mozos y esperándolos para que vengan a traer la cuenta.

Para el desayuno opté por un combo llamado Desayuno París: café con leche con tres facturas a elección y jugo de naranjas. Las facturas no son las que uno encuentra en cualquier panadería; son grandes y con una masa aireada y caramelosa. El único inconveniente es que traen abundante azúcar impalpable en su superficie, la cual es muy propensa a volar por el aire y caer en el teclado de la computadora (esto es para los que desayunamos con la computadora al lado).

Si bien los precios no son precisamente económicos, mantienen el mismo nivel que en todos los locales de la franquicia. Es bueno ver que no los suben sólo por el hecho de estar en Puerto Madero, particularmente por que pueden concurrir personas ajenas a ese barrio, que no están acostumbradas a los precios exorbitantes.

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La Cocina de Daksha, comida vegetariana (y más) en Tigre


Uno de esos sábados de primavera con clima adecuado para ir de compras al Puerto de Frutos pasamos, casi por casualidad, por la calle Liniers, y nos llamó la atención un cartel que anunciaba una cena show con cocina vegetariana típica de la India. Nos atrajo particularmente el lugar, que no parecía un restaurante sino una casa con un gran parque. Entonces, a la vuelta del Puerto de Frutos (a eso de las 21:00), decidimos ver de qué se trataba.

Nos costó un poco volver a encontrar el lugar. De noche, esa calle se encuentra escasamente iluminada, aunque después de dos o tres pasadas logramos encontrarlo. Entramos tímidamente, ya que -repito- parecía más una vivienda que un restaurante. Pero una de las amabilísimas chicas que trabaja con Daksha nos invitó a pasar, aclarándonos que esa noche habría show y que faltaba un poco para que comenzara. De todas maneras nos preparó una mesa, nos comentó cómo era el menú y nos ofreció ir preparándonos alguna cosa para picar; especialmente para que los chicos fueran comiendo algo.


Todas las mesas estaban al aire libre. Afortunadamente el clima era ideal; evidentemente, en caso de lluvia imagino que la cocina de Daksha no abre al público, o a lo sumo abre para unos pocos que quepan adentro.

No hubo que ordenar ya que no había opciones de menú. Este estaba compuesto por platos para compartir que iban llegando a la mesa sin que los pidiéramos. Había samosas (esas empanadas que Daksha enseña a hacer en sus clases de cocina) y otras comidas vegetarianas estilo buñuelitos, todo esto acompañados por salsas con textura de mayonesa hechas de zapallo o de remolacha. Todo delicioso. Temíamos que los chicos pusieran cara rara cuando les diéramos a comer esas "cosas raras", pero fue todo lo contrario, ellos disfrutaron los platos tanto como nosotros.


Para beber había jugo de naranja exprimido con menta y jenjibre. Una exquisitez, pero ahí sí a los chicos les resultó demasiado exótico y tuvieron que conformarse con la única otra opción: agua mineral.

Después vino el show. Un cantante y músico que interpretaba a la perfección temas de George Harrison y algunos de Los Beatles. Incluso hizo ese de los Traveling Wilburys en donde George Harrison canta con Roy Orbison, Jeff Lynne y algunos más. Muy bueno, y entre tema y tema el cantante no perdía oportunidad para hacer algunos comentarios humorísticos, sobre todo criticando a Justin Bieber, quien recientemente había dejado vergonzosamente un show por la mitad en un estadio de Buenos Aires.


Fue una noche agradable, para recordar y para volver, en donde disfrutamos de una cena sana, rica, bajo una añosa arboleda y en un clima familiar y ameno.

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O'Farrell reabre sus puertas en Punta del Este

La cita es este jueves 5/12 a las 20:30 en Manantiales, a unos kilómetros de Punta del Este (más precisamente Ruta 10 Km 164,5). Ese día habrá un cocktail de reinauguración, y los días subsiguientes el restaurante abrirá todas las noches a partir de las 20:00. Y desde el 13/12 en adelante, abrirá al mediodía y a la noche, anticipando la inminente temporada veraniega.

Es verdad que avisamos con poca anticipación, pero quien tenga la suerte de estar esta semana por esa zona privilegiada del Uruguay, no debe dejar de asistir. Habiendo probado las delicias que prepara Don Hubert O'Farrell en su local de Acassusso, ni nos imaginamos lo que será disfrutarlas en el entorno paradisíaco de la zona de Manantiales. Eso sí, quien planee ir debe avisarle enviando un mail a: reservaspunta@ofarrellrestaurant.com


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El sueño de pedir comida por Internet, hecho realidad

Cualquiera que haya visto nacer y desarrollarse a la Web (como es el caso del que suscribe) sabe que siempre estuvo en la mente de los usuarios de Internet la fantasía de pedir comida por medio de un sitio online, en lugar de hacerlo por teléfono. Pero hasta ahora siempre fue simplemente eso: una fantasía. Hasta ahora.

Antes de ir al grano, veamos por qué esta idea siempre se mantuvo en el terreno de la fantasía: cada boca de expendio de comida (llámese pizzería, rotisería, o delivery en general) tiene un alcance limitado a las cuadras circundantes al lugar donde se prepara el producto a entregar, por una cuestión crítica en el rubro gastronómico: el tiempo de entrega. Claramente, uno no puede pedir una docena de empanadas a un sitio de venta por Internet que aplique un modelo de venta estilo Amazon (por ejemplo), donde los tiempos de entrega difícilmente son inferiores a las 48 horas...

A su vez, a la enorme mayoría de las bocas de expendio de delivery no le es redituable publicar un sitio web propio para levantar pedidos, ya que la inversión necesaria no se justifica por el pequeño grupo de clientes que usarán esa vía para hacer pedidos.

Además había otro impedimento para los pedidos de comida por Internet: antes la única forma de entrar a Internet era por medio de la PC, y la PC hogareña estaba la mayor parte del tiempo apagada o siendo utilizada por los chicos para jugar. Entonces seguía siendo mucho más fácil tomar el teléfono y hacer el pedido en la forma tradicional. Pero ahora, con las tabletas, las TVs y los teléfonos inteligentes que se conectan a Internet, la situación cambió.

Estaba haciendo falta un esquema de venta por Internet especial para el delivery de comida. Para cubrir esa falta llegó Hellofood.



Hellofood ofrece una aplicación (mejor dicho, una "App") gratuita para iPhone, iPad y dispositivos Android. Esa aplicación permite hacer pedidos a una gran cantidad de restaurantes situados en las inmediaciones del lugar donde se encuentra el usuario. El proceso sólo requiere especificar la ubicación, y la aplicación muestra todos los restaurantes que se encuentran a su alrededor. Después de realizar un pedido, se recibe una notificación con todos los detalles del pedido y el tiempo estimado de Delivery.

Hellofood, junto con su marca afiliada Foodpanda, es un grupo de plataformas de servicio online a domicilio que opera en nada menos que 30 países; y ahora también está en Argentina, Perú, México, Chile, Colombia y Brasil. Para los consumidores, Hellofood ofrece un mercado online con la más amplia oferta gastronómica. Los consumidores eligen su comida favorita en tan solo unos clics y Hellofood envía el pedido al restaurante que realiza el delivery de la comida. Esto ayuda a los restaurantes a aumentar las ventas a través de plataformas online y Apps, y les proporciona un análisis tecnológico en constante evolución.

Para obtener más información sobre Hellofood haga clic en las siguientes direcciones:

Web de la empresa: http://www.hellofood.com.ar

App para hacer pedidos: http://www.hellofood.com.ar/contents/apps

Catálogo de restaurantes de Buenos Aires adheridos a Hellofood: http://www.hellofood.com.ar/restaurants/index/city/buenos-aires
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Matryoshkaté, una casa de té en Paseo Mendoza, Maschwitz

Paseo Mendoza, Maschwitz
El Paseo Mendoza es un poco la competencia del Mercado de Maschwitz, situados a apenas dos cuadras uno de otro. Aunque hay claras diferencias entre ambos. En el Mercado de Maschwitz predomina el estilo vintage, con arquitectura y decoración que asemejan a los conventillos de San Telmo o La Boca, mientras que en el Paseo Mendoza impera la onda hippie (o debería decir hippie-chic, para usar un término más de moda): mucha mística, amor y paz, ecología, batik, etc.

Matryoshkaté.
En el Paseo Mendoza, en medio de su recorrido laberíntico, entre locales donde se enseñan danzas africanas y meditación, y bio-almacenes ecológicos que ofrecen productos orgánicos, surgió el pasado mes de julio (el día del amigo, según dice su página de Facebook) una pequeña casa de té con mucho para destacar.

Uno se siente un "tea-sommelier"...
Sus dueñas encontraron un diferenciador clave: blends exclusivos de té en hebras, llevados a la mesa con todo lo necesario para que no se pierda ni un ápice de sus complejos aromas: una gran tetera con su infusor, la cantidad exacta de hebras para el agua (en la temperatura justa) dentro de la tetera y –atención al detalle– un despertador que indica el momento exacto en el que el té está listo para su consumo. Vaya un humilde consejo nada más para las macanudas dueñas de Matryoshkaté: reemplazar los despertadores por esos cronómetros de cocina que suenan con una campanita, por que a muchos clientes el sonido del despertador nos recuerda el desagradable momento en que las obligaciones cotidianas nos arrancan de los brazos de Morfeo.

Los blends tienen nombres mayormente indios (de la India, se sobreentiende), de los cuales probamos el Kamasutra: té rojo (pu-erh) y negro con vainilla, canela, granos de pimienta roja, gengibre y probablemente algún ingrediente más que ahora no recuerdo.

Cheese-cake con frutos rojos.
Los exclusivos tés pueden (¿o habría que decir “deben”?) acompañarse con alguna de las opciones de repostería que ofrece el lugar. Muy pero muy recomendable es el cheese cake con frutos rojos. Y los precios son moderados; para hacer una comparación, la porción de cheese cake con frutos rojos en el local de Tentíssimo del Tortugas Open Mall cuesta, como mínimo, un 50 por ciento más. Y encima el de Tentíssimo es más artificial y menos artesanal (bah, mucho menos rico).

Otro detalle para destacar: las mesas tienen un moderno un aparatito con botones para pedir la cuenta o llamar a la moza. Perfecto para evitar esas incómodas situaciones en que hay que andar buscando la forma de captar la atención de los mozos. ¿Por qué no los usan en todos los restaurantes, digo yo?



Aclaración con respecto a las fotos: dado que olvidamos nuestra cámara, debimos tomar fotos de la página de Facebook de Matryoshkaté para ilustrar esta nota. ¡Mil disculpas!

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